“Aceptaba las debilidades de todo el mundo, pero cuando se trataba de él mismo exigía la perfección, un rigor casi sobrehumano hasta en los actos más nimios. El resultado era la decepción, una atónita conciencia de sus propios defectos, lo cual le empujaba a demandas cada vez mayores respecto a su conducta, lo cual a su vez le llevaba a decepciones cada vez más asfixiantes. Si hubiese aprendido a quererse un poco más, no habría tenido la capacidad de causar tanta infelicidad a su alrededor”. Leviathan (1992).
Uno de mis libros favoritos de Paul Auster, autor al que se le perdona que cuente la misma historia una y otra vez. Sobre todo cuando crea personajes tan magistrales como Benjamin Sachs, que vuela en pedazos en la primera línea del libro.
El 1 de Septiembre se publica su última novela, “Man in the Dark“. En ella aparecen viejos conocidos para los lectores de Leviathan: Sachs y su amigo Peter Aaron, alter ego de Paul Auster. El principio no podría ser más prometedor: “Estoy solo en la oscuridad, dando la vuelta al mundo en mi cabeza mientras lucho contra otro ataque de insomnio, una nueva noche en blanco en la gran jungla americana”.
Está claro qué voy a auto-regalarme este año por mi cumpleaños. Si profesase alguna religión, sería austeriana. Y es que la vida, vista a través del caleidoscopio del Azar, es mucho más interesante y poética. Qué mejor forma de enfrentarse a la oscuridad de la rutina…