Me gustan las películas que tratan sobre el oficio de hacer películas. Y más si las firma un señor llamado David Mamet, que del tema sabe unas cuantas cosas.
Le comentaba a Any que actualmente, más que a escribir, me dedico a “jugar al Tetris con las palabras”. Es una forma de ganarse la vida tan respetable como otra cualquiera, imagino.
Cuando no consigo que las piezas encajen (que suele ser más a menudo de lo que me gustaría reconocer) me acuerdo del personaje que Philip Seymour Hoffman interpretaba en “State and Main“, un sufrido guionista que se preguntaba: ¿Cómo puedo escribir una película que se llama “El viejo molino” si no hay ningún molino?
La respuesta asusta por su simplicidad: primero, tienes que cambiar el título. Lógico, ¿verdad? Pues resulta que hay gente a la que le pagan una pasta gansa por aportar ese tipo de respuestas. Y, creedme, merecen cada céntimo de ese dinero….