Theatrum Crudelitatum

En mi fin está mi principio. El lema de María Estuardo, Reina ungida de Escocia y Francia, no podía haber sido más profético. Vestida de rojo, el color de los mártires que han derramado su sangre por Cristo, se dirigió hacia el cadalso con el firme convencimiento de que tras la muerte, alcanzaría la vida eterna.

El episodio es descrito minuciosamente por el cronista Robert Wyngfield en “Account of the Execution of Mary, the Late Queen of Scots” (1587). Cada detalle de su indumentaria había sido seleccionado cuidadosamente: un sobrio crucifijo al cuello, el breviario de su madre en la mano, un sobretodo de terciopelo negro envolviendo su vestido carmesí, la peluca escarlata completando su atuendo, rojo sangre de la cabeza a los pies. La escena es, a partes iguales, majestuosa y patética. Las tablas del patíbulo, pintadas de negro para la ocasión, se transforman en el escenario definitivo de una tragedia a punto de convertirse en leyenda.

Misión casi imposible hacerle sombra a ese astro deslumbrante que es Cate Blanchett, sobre todo en una película hecha a su medida (Elizabeth: The Golden Age). A menos que te llames Samantha Morton e interpretes a un personaje que, definitivamente, sabe salir de escena a lo grande. Y es que no hay mejor escenario que un cadalso.

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